"Uno de los estudios que más interesan al hombre es el del idioma que se habla en su país natal. Su cultivo y perfección constituye la base de todos los adelantamientos intelectuales. Se forman las cabezas por las lenguas, dice el autor del Emilio, y los pensamientos se tiñen del color de los idiomas."

Andrés Bello




viernes, 20 de agosto de 2010

El Origen del Lenguaje Humano

Tomado de:
Urdaneta, I. (1991). Comunicación, lenguaje humano y organización del código lingüístico. Vadell Hermanos Editores: Valencia.

EL ORIGEN DEL LENGUAJE HUMANO

En los distintos niveles de la organización de sus respectivos sistemas, varias lenguas pueden presentar un alto grado de similitud o identificación. Esto lo podemos observar si contrastamos, por ejemplo, un amplio número de rasgos fónicos, gramaticales y léxicos del español, el francés, el italiano, el portugués, el catalán y el rumano. El apreciable volumen de coincidencias y los elementos detectables en éstas lenguas ponen de manifiesto la existencia de una suerte de nexo o filiación entre ellas. Este nexo o filiación es el latín, lengua del grupo lingüístico itálico que a su vez se asocia a muchas otras lenguas de filiación indoeuropea, distribuidas en los grupos germánicos, célticos, helénicos, balto-eslávico, indo-iranio, etc. El indoeuropeo define así una gran familia de lenguas, si bien muchísimas otras lenguas están fuera de su filiación en razón de que tienen un diferente origen. El hombre de estudios siempre ha demostrado interés por estas filiaciones, muchas veces en búsqueda un tanto ilusionada, de una lengua original o universal. Este interés es teóricamente distinto al interés también compartido por el lego de saber có¬mo la especie humana aprendió a hablar. La idea que subyace a estos intereses es que en su prehistoria el hombre carecía de lenguaje, en la forma como lo conocemos hoy al menos, y que, luego de haber adquirido esa capacidad, el hombre compartía acaso una misma lengua. La anécdota bíblica de Babel sin duda se relaciona con este segundo aspecto del origen de las lenguas. En ésta anécdota se incluye no sólo una explicación de la diversidad de las lenguas (y la intervención divina en su uso y evolución) sino también un reconocimiento del poder que el lenguaje da al hombre en relación con sus circunstancias. Hay (y ha habido) diversos puntos de vista (es inadecuado llamarlas a todos ellos teorías) sobre el ori¬gen del lenguaje humano. Aquí nos referiremos a las más argumentadas.



a)  El regalo de los dioses (origen divino del LH).
La tradición bíblica afirma que Jehová creó el mundo mediante la pronunciación de palabras, si bien dejó al primer hombre, Adán, la tarea de denominar los animales y las plantas del Paraíso. Adán y Jehová hablaban en la misma lengua. Otras cosmogonías también atribuyen el origen del LH a un dios creador: los Egipcios lo atribuían a Thot, los babilonios al dios Nabu. Entre los hindúes, la diosa Sarasvati (o Vac, consorte de Brahma, el Creador) inventó el lenguaje articulado y lo dio al hombre. El argumento divino no es exclusivo de la antigüedad. En 1756, Johan Suessmilch razonaba ante la Academia Prusiana que, puesto que hombre no podía haber inventado el lenguaje si carecía de pensamiento, y dado que el pensamiento dependía de la existencia previa del lenguaje, el hombre debía de haber recibido el lenguaje de Dios. Suessmilch también razonaba que todas las lenguas, aún las habladas en sociedades primitivas, eran perfectas porque reflejaban la perfección de Dios, lo que no era difícil de probar si se aceptaba que incluso las grandes ideas abs¬tractas del cristianismo podían discutirse en las lenguas de los pueblos menos civilizados. Suessmilch no era necesariamente un cristiano fanático; sus observaciones sobre el lenguaje en sí po¬dían ser más plausibles que sus observaciones sobre su origen.


b) La gran lengua inicial (teoría monogenética del LH)

Por largo tiempo los estudiosos y legos supusieron que todas las lenguas se derivaban de una lengua inicial, que, si no era hablada todavía, lo había sido hasta hace uno o más milenios. Una gran mayoría favoreció por supuesto al hebreo, que fue la lengua en que Jehová habló a Adán y a Eva, y, mucho tiempo después, a Moisés y al rey David. Se cuenta que en siglo XVI el rey Jaime IV de Escocia ordenó la crianza de dos niños en completo aisla¬miento, sin que conocieran lengua humana alguna, con el propósito de que, en tales circunstancias, los niños desarrollarán una len¬gua propia que debería ser idéntica o reflejar la lengua original. Cuando los niños crecieron, el rey encontró que hablaban “very guid Ebrew” (muy buen hebreo). Sin embargo, siempre hubo quien disintiera de este origen semítico. En el mismo siglo XVI, un estudioso alemán sostenía que la lengua original era el (alemán) gótico, dada la “perfección” de ésta lengua. En el siglo XVII se ar¬gumentó que Dios hablaba sueco, Adán hablaba en danés y la serpiente en francés. En el siglo XVIII se postularon el griego, el árabe, el célta y el holandés como lenguas originales. En el si-glo XIX se favoreció al chino y el lexicógrafo ingles Noah Webster defendió el caldeo o arameo, la lengua hablada en Jerusalem en la época de Jesucristo. Todavía en 1934 una conferencia de intelectuales turcos proclamaba el turco como la lengua inicial. Según observan John y Joan Levitt (1959), “cualquiera podía adivinar y las adivinanzas tenían la virtud del patriotismo”.

La tesis del origen único de las lenguas es similar a la tesis que postula el origen único del hombre en un determinado lugar del planeta. La evidencia que se analiza cada día sugiere que el hombre pudo haberse originado en distintas partes. Por lo mismo, pudiera ser más razonable una tesis que proponga el origen múltiple (poligenético) de las lenguas. Los lingüistas han teni¬do cierto éxito en la determinación de varias familias lingüísticas, pero al mismo tiempo, han encontrado serios obstáculos para reducir la genealogía común de éstas familias a un número menor de protolenguas y luego de proto-protolenguas. No es aventurada la idea de que en la actualidad existen entre las lenguas un grado de similitud mayor al que podamos imaginar para el pasado.

El pensamiento sobre el que se fundamenta esta idea es que una gran heterogeneidad de códigos lingüísticos ha ido siendo pro¬gresivamente sustituida por una relativa homogeneidad.



c) Gritos, ruidos y sonidos (El origen acústico del LH)

A finales del siglo XVIII, Jean Jacques Rousseau había adelantado la tesis de que el LH se había originado en aquellas expresiones emotivas del hombre causadas por el dolor, la sorpresa, el miedo, el placer o la rabia. Estos gritos sirvieron para la composición de palabras, que el hombre encontró como instrumentos de comunicación más efectivos que los gestos. La habilidad para entender ideas abstractas surgió posteriormente, cuando la lengua había superado el estado de primitivismo (que Rousseau mismo percibía -en contradicción con su igualitarismo y su tesis del hombre como “noble salvaje”- en las sociedades salvajes de su tiempo). Esta teoría -que podemos denominar interjeccional- se relaciona con otras también fundamentadas en la especialización de las vocalizaciones humanas: unas sostienen que éstas vocalizaciones se produjeron en imitación de los ruidos producidos por otros animales o por objetos inanimados en la naturaleza -teoría onomatopéyica o ecoica-; otra sostiene una especialización basada en ruidos inintencionales producido en acompañamiento de tareas físicas; estos ruidos pudieron ser intencionales en la sustitución de gestos faciales y manuales -teoría pantomímica-.

El lingüista danés Otto Jespersen ha propuesto un origen basado en el efecto placentero que el sonido causa cuando se utiliza con propósitos de sociabilidad. Originalmente, el hombre debió de haber sentido placer en la pronunciación oronasal de sonidos rítmicos, tal como parece sentirlo un bebé cuando gaguea en su cuna. Todas éstas su puestas teorías, exhiben dos aparentes defectos: (1) ellas conceden importancia secundaria al pensamiento humano, que, en éstos puntos de vista, se desarrolla luego de que el medio ha sido adquirido, y (2) coinciden en que las lenguas son una sumatoria de señales y palabras.


d) Inteligencia humana (El LH como facultad innata)

En la anterior teoría se menciona que el hombre inventó el lenguaje, que es lo contrario que sostiene la teoría del origen divino. En 1769, el filósofo alemán Johann Herder postuló que la habilidad humana del lenguaje era innata y que el lenguaje y el pensamiento eran inseparables, si bien era la necesidad para razonar lo que permitía en el hombre el desarrollo de éste método comunicacional. En oposición a Suessmilch, Herder postuló que el lenguaje era parte de la naturaleza del hombre, como lo era su inteligencia. Si Adán hubiera carecido de la facultad de razonar, ni Jehová hubiera podido enseñarle a hablar en su lengua. Por otra parte, en oposición a la tesis también sustentada por Rousseau, Herder endorsó la posición cartesiana según la cual el LH y los gritos animales eran tan distintos el uno del otro como el pensamiento humano y el instinto animal. Como ese pensamiento es universal, la tesis herderiana coherentemente insistió en una sola lengua original, una humanidad, una cultura, etc. Insistió en la noción del lenguaje como identidad cultural, difiriendo así la posición cartesiana, en la que se conjuga una visión del lenguaje como conocimiento, conducta y creatividad, pero se excluye su dependencia de la interacción y adaptación social.

W. Von Humboldt posteriormente enfatizaría las ideas herderianas con su tesis de la Innere Sprachform (existencia de una forma interior de la lengua, anterior a toda articulación) y su postulado de que el lenguaje no es un ergon (un producto), sino una energeia (una fuerza activa). La mayor parte de la lingüística contemporánea ha procedido sobre la creencia de que la inusual inteligencia humana es el factor crucial en el desarrollo lingüístico logrado por la especie. Varios lingüistas opinan que esta inteligencia facultó al hombre para dividir su percepción del mundo en categorías semánticas y establecer relaciones predicativas entre ellas. El lenguaje era así una construcción experiencial motivada por una inteligencia animal exclusiva.

Para otros lingüistas, esta inteligencia era a la vez el lenguaje, por la estructura lingüística reflejaba consistentemente propiedades que son específicas del intelecto humano. Para los primeros, la inteligencia humana era una inteligencia animal más avanzada; para los segundos, preferiblemente, una clase diferente de inteligencia.


e) El aprendizaje del lenguaje (teoría evolucionista del LH)


Las teorías que sostenían que el hombre y el lenguaje se habían originado a la vez concedían evidente importancia a la inteligencia innata del ser humano. Este punto de vista resulta hoy un tanto insostenible a la luz de las teorías que explican la evolución del hombre, puesto que, como se sabe, éste no surgió en la alborada de los tiempos en las formas y con las capacidades que le conocemos hoy. La pregunta es específicamente: ¿poseía ya el Homo Erectus (que vivió hace 1.000.000 a 500.000 años) la capacidad del lenguaje, o ésta fue exclusiva del Homo Sapiens, cuya historia arranca 300.000 a 150.000 años antes de hoy? A pesar de su cercanía taxonómica, ambas especies presentan algunas diferencias anatómicas de no trivial importancia para los paleoantropólogos. No obstante, la evidencia encontrada entorno al H. Erectus revela que manejaba una rudimentaria tecnología paleolítica y que practicaba un cierto tipo de ritual. Estas características se detectan más avanzada en el H. Sapiens neanderthalensis (c. alto pleistoce¬no) y particularmente en el hombre de Cro-magnon (a finales del pleistoceno -35.000 a 10.000 años atrás). Este último H. Sapiens ya hablaba, puesto que es difícil de imaginarse que no lo hiciera y pudiera sin embargo pintar las escenas que hoy se atesoran en cuevas de Francia y España. En los homínidos, el lenguaje oral debe haber resultado de la modificación de disposiciones vocalizadoras para ellos y de un desarrollado sentido auditivo. El control de la vocalización humana implica principalmente el control del cambio de propiedades de resonancia en la cavidad bucal, pero es obvio que en oposición a los otros primates, el factor definitivo es la posición de la laringe en relación con el tracto respiratorio y la cavidad oral. Esta posición de relativa distancia creó una larga y tubular cavidad resonante para la utilización del aire exhalativo como material sonoro. Tal desarrollo seguramente fue paralelo con el desarrollo de una aguda capacidad de discriminación auditiva y - fundamentalmente con una rápida especialización cerebral de facultades contextual y culturalmente motivadas. La ventaja del H. Sapiens estuvo precisamente en haber estado dotado para imitar una cierta cantidad de sonidos ajenos, al mismo tiempo de ser capaz de producir los suyos propios y asignarle un valor deliberadamente distintivo.

Desde un punto de vista etológico, I. G. Mattingly (1972) ha propuesto la tesis de que, en un estadio de la evolución humana, el habla (i. e., un conjunto elaborado de formaciones oronasales regulares) existía independientemente del Lenguaje. “Suponemos que esta habla - afirma Mattingly - carecía de sintaxis o semán¬tica, aun que era más que solamente expresiva por cuanto tenía una estructura fonética, si bien el repertorio fonético del hombre en los primeros tiempos era indudablemente más limitado que el del hombre moderno (...). Las expresiones de ese hombre eran representaciones fonéticas codificadas por claves acústicas”. Mattingly especula que el habla prelingüística servía como vehículo para elicitar respuestas conductuales apropiadas de los congéneres en situaciones de amenaza o reconocimiento parental o filial. La rapidez de articulación y percepción de la señal fonética prelingüística (y su relativa capacidad para la elaboración especializada) la hacía particularmente económica para estas funciones. Alterno a este útil sistema de señalizaciones fonéticas socializadas el hombre contaba con un intelecto capaz de representar semánticamente el mundo de la experiencia. De la concertación de estas dos capacidades a través de una ca¬pacidad lingüística surgió el LH. En efecto, explica Mattingly, “Antes de que esto pudiera suceder, debió encontrarse un medio para que el hablante-oyente pudiera recodificar representaciones semánticas en representaciones fonéticas, y representaciones fonéticas en representaciones semánticas”. Dado que es imposible la recodificación de un amplio número de rasgos categoriales semánticos en un reducido número de patrones fonéticos (que en las lenguas pueden no exceder de 15 ó 20), se hizo necesaria la emergencia de la gramática (= “capacidad lingüística”) o de un conjunto de reglas de combinación lexical y sintáctica de material fónico, a partir de las cuales era posible generar un número infinito de representaciones semánticas. Una vez que se inicio su desarrollo, la gramática ejerció una influencia recíproca en el desarrollo subsiguiente del sistema fonético y del intelecto. La regulación fonológica optimizaría el uso de las vocalizaciones lingüísticas y las representaciones semánticas se harían apropiadas para su almacenamiento en una memoria a largo plazo.